petición sijena dos

Reproducción de documento que muestra que Apudepa solicitó en 2012 el regreso del patrimonio de Sijena depositado también en Madrid, Toledo y Zaragoza. Apudepa. 

El presidente de la Diputación de Lleida, Joan Rañé, se ha preguntado, en nombre de su flamante partido Partit Demòcrata Català (la antigua Convergència fundada por Pujol) por qué Aragón no pide las obras de Sijena que no se encuentran en Cataluña, como las tablas de los Museos del Prado o de Santa Cruz de Toledo. Si se refiere a la Diputación General de Aragón (que no es “Aragón”, por cierto) la respuesta no puede ser más clara: se solicitan las obras que se encuentran ilegalmente fuera del monasterio de Sijena. No reclama el Gobierno las del Prado o las de Toledo, pero tampoco reclama (y esto lo omite Rañé) las de Barcelona o Lleida vendidas o trasladadas con anterioridad a la declaración del Real Monasterio como Monumento Nacional en 1923. Es tan sencillo como eso y Marisancho Menjón lo explica bien en este post. Es de suponer que Rañé esto lo sabe. Pero lo omite porque con la insinuación trata de avivar el único frente en el que comprenden la cuestión de Sijena: el nacional.

La serie de tuits de Albert Velasco, conservador del Museo de Lleida, y estudioso en arte medieval, ha ayudado también a confundir más sobre la cuestión.

La respuesta es exactamente la misma, y en este caso es completamente imposible que Albert Velasco no lo sepa, por su posición y su buen conocimiento de la situación. El sentimiento es importante, y lo respetamos, pero de un técnico puede exigirse racionalidad en sus argumentos.

La manipulación radica, ya lo hemos dicho, en que ellos saben (sin duda deberían saberlo) que lo que se reclama es lo jurídicamente reclamable, y se hace con independencia del lugar en que los bienes se encuentran. Pero desde aquí conviene aclarar que es radicalmente falso que “Aragón” no reclame el resto de obras de Sijena. Porque en Aragón sí que se han reclamado esos bienes de Toledo, Madrid y… ¡Zaragoza! Esta Asociación, Apudepa, lo viene haciendo desde hace tiempo, y concretamente en 2012 se remitió una petición oficial al Ministro de Educación, Cultura y Deporte para que las obras se depositasen en el Museo de Huesca para su traslado definitivo al Real Monasterio cuando se hubiesen realizado las obras de acondicionamiento necesarias (que no estaban hechas en ese momento, aunque hoy sí).

Para muchos políticos (catalanes y aragoneses, por cierto), el caso de Sijena es más o menos como un partido de fútbol en el que uno tiene que ir, claro, con su equipo. La gran mayoría ni habrán visto las obras ni tendrán intención de verlas nunca. Porque, a la gran mayoría de los políticos (catalanes y aragoneses, por cierto), el patrimonio no les importa. El planteamiento de la cuestión Sijena como partido de fútbol o concurso de la canción entre dos pueblos constituye un problema tan grande en lo cultural que significa, de hecho, obviar el patrimonio de Sijena en cuanto lo que es: un conjunto de obras de arte producidas por la historia para un contexto que adquieren su máximo sentido y valor en el marco arquitectónico para el que fueron creadas.

Con las maliciosas insinuaciones lanzadas por políticos y técnicos, la prensa ya tiene lo que se quería: su colección de desinformaciones, medias verdades y, en última instancia, faltas de respeto hacia los pueblos (y hablamos de Sijena) que, tras décadas de empobrecimiento y humillaciones, luchan por lo que es suyo, y lo ganan con la fuerza de la ley y de la razón. Lo que se quiere con esto es lo que venimos denunciando: olvidar lo que es Sijena, olvidar la misma cuestión patrimonial, y llevar la discusión a un enfrentamiento entre dos naciones (aquí que cada uno ponga el nombre que quiera, que bastante tenemos con esto) en el que no puede existir un ámbito de racionalidad, sino uno en el que lo “natural” es “ir” con tu país y en el que el único comportamiento aceptable es el del “hooligan”. Así, conviene plantear la cuestión como si las reclamaciones que gentes de Sijena y Aragón han llevado a cabo con tanto sacrificio fuera una operación de catalanofobia de los “aragoneses” que actúan, en el fondo, como agentes de Madrid. Es la misma estrategia que la que pretendía que la devolución a la Generalitat de sus papeles en Salamanca era en realidad una acometida nacionalista a “España”, y no un acto imprescindible de justicia, que es por cierto lo que era. Afortunadamente nosotros estamos orgullosos de la postura que entonces adoptamos: apoyar la devolución por solidaridad fraternal, pero, sobre todo, por ser lo justo y lo conveniente desde el punto de vista del patrimonio cultural.

Esto no es cosa de Aragón y Cataluña, por mucho que así lo quieran presentar políticos y medios. Nos consta que tanto en Aragón como en Cataluña hay gente cuyo único interés, surgido del amor al arte, es el extraordinario Monasterio de Sijena y el patrimonio cultural. Esa es, a la postre, la gente dispuesta a coger el coche y viajar a Villanueva para deleitar sus sentidos con la atmósfera irrecreable del impresionante cenobio medieval.

Pero la ofensa y la humillación que se inflige a un pequeño pueblo y a sus habitantes, que han tenido que sufrir cómo a causa de la guerra se perdía buena parte de su riqueza y su orgullo, es demasiado grande y demasiado dolorosa como para que no digamos una vez más que basta ya. Que respeto a la dignidad de los pueblos y amor a la cultura y al patrimonio. El Monasterio resurgirá de sus cenizas y dará con su cobijo sentido, emoción y brillo a tanta belleza que solo refulgirá en su cenit formando parte de la unidad de la obra de arte total contra la que jamás debió atentarse.