Imágenes: Real Monasterio de Santa María de Sijena. Archivo Juan Mora Insa. Diputación General de Aragón.

El Real Monasterio de Santa María de Sijena es uno de los bienes culturales más importantes de Aragón. Conforma un espléndido conjunto de edificaciones a orillas del Alcanadre, lamentablemente hoy muy maltratado por diversas acciones vandálicas.

Desde su fundación por la reina de Aragón Sancha de Castilla, el Real Monasterio cumplió el papel de pequeña Corte vinculada con la familia real aragonesa, hasta el punto de que el rey Pedro II, hijo de la fundadora, ordenó ser sepultado en Sijena. Su vinculación con la casa real, y su carácter de centro religioso destinado a la alta nobleza, dotó al monasterio de un equipamiento artístico sin par. De hecho, la maravillosa e inigualable ornamentación artística de la sala capitular no hubiera sido posible sin las relaciones internacionales de la casa real con el norte de Europa y el mundo árabe, a través de la corte siciliana.

Después de haber servido de Archivo Real de Aragón, corte y panteón, el Real Monasterio fue perdiendo progresivamente su importancia política, aunque se mantuvo siempre como uno de los centros religiosos y políticos principales en la Corona.

El siglo XX, lamentablemente, fue el peor para el Real Monasterio. Comenzó con la venta de diversas piezas a coleccionistas particulares, algo que trató de atajarse con la declaración del cenobio en 1923, por Real Orden, como Monumento Nacional (actualmente Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento). Sin duda, el golpe más duro lo recibió en 1936, cuando semanas después de la sublevación militar, columnas de anarquistas procedentes de Cataluña (al parecer, aunque se han planteado dudas sobre la participación de otros sectores) incendiaron el monasterio y destruyeron y dañaron buena parte de los bienes artísticos.

Por si el daño hubiese sido poco, a partir de ese momento, a veces con la voluntad de salvar las piezas, a veces con voluntades menos claras, el enorme y riquísimo patrimonio mueble de Sijena fue desmembrándose, perdiendo así el monasterio la unidad que lo había caracterizado. La Guerra Civil se convirtió así en la razón de la destrucción y dispersión de uno de los patrimonios más importantes de España.

En este contexto, Apudepa entiende que Aragón tiene una responsabilidad especial en la restitución del Real Monasterio de Sijena, y que el Estado y todas las administraciones deben trabajar para lograr que una de las heridas patrimoniales más sangrantes de la Guerra Civil cicatrice, en la medida de lo posible. Es un objetivo cultural, moral y político de primer orden lograr devolver al Real Monasterio lo que jamás debió perder. Y también es una deuda social con el medio rural, pues el rico patrimonio que los pueblos fueron conformando tiene la capacidad de crear cultura, bienestar y riqueza allá donde se encuentra.

Es por todo ello, por una cuestión de justicia social, de memoria histórica, de equilibrio territorial y de concepción cultural por lo que Apudepa exige la vuelta del patrimonio disperso de Sijena. No es una lucha de territorios. Apudepa pide que vuelva todo el patrimonio, esté en Barcelona o en Madrid, esté en Zaragoza o en Toledo, esté en Huesca o en Lleida. Consideramos, además, que Sijena, panteón de reyes de Aragón y condes de Barcelona, debe ser un lugar de memoria y encuentro entre todos los territorios que formaron la Corona. Los amantes del Real Monasterio no pedimos otra cosa que justicia y amor a la cultura.

image001

Imagen: Restitución cromática de las pinturas murales de la sala capitular de Sijena por Jorge Español. Imagen de Jorge Español.