ricla

 

En la plaza de las carnicerías de Ricla hay  una arquitectura tradicional excelente  compuesta por el conjunto de las carnicerías, el horno y   la cárcel, con unos excepcionales grafitis, todos ellos inmuebles muy antiguos levantados en la tradición mudéjar del ladrillo aplantillado en la fachada, de mucho interés, y de tapial y adobe en su interior.  Todos estos edificios hunden sus raíces en su herencia islámica, por tratarse de lugares relacionados directamente con la religiosidad y jurisprudencia musulmana. En estos espacios, el Alamín, oficial que contrastaba las pesas, medidas, tasaba los víveres y dirimía las cuestiones relacionadas con los riegos, ejercía la ley sobre estos temas bajo el portegado citado en las fuentes.

Esta tradición perduró en el tiempo, hasta tal punto que mediados del siglo XVIII la  propietaria de este horno todavía era la encargada de velar por las medidas del aceite de la localidad. Existe un documento de 1283 en donde se dice que el Concejo se reunía en la plaza de las Carnicerías, exactamente en el espacio que nos ocupa, circunstancia que queda corroborada en otro documento de casi 350 años más tarde, tras la expulsión de los moriscos (eran entre 1000 y 1250 vecinos, según Labaña, tres cuartas partes del total de la población) cuando se explica en los Estatutos del Concejo de  1618 que  “ajuntando [el concejo] debajo del cubierto de las carnecerías”. Sin embargo el concejo ya no se reunía allí a finales del siglo XVII, al trasladarse antes de 1692 a una sala de la casa de la villa. Nos obstante los otros usos permanecieron.

Es decir, el espacio que nos ocupa en la Plaza de las Carnicerías de Ricla fue el lugar  donde durante al menos 450 años se tomaron  todas las decisiones legales. Esos espacios están en peligro por ruina pero se  tienen recuperar  por ser vitales para entender la historia y también como bienes culturales de la comunidad riclana durante buena parte de la edad media  y moderna. La familia está dispuesta a donarlos. Estos bienes nos pertenecen también a todos. De momento urge quitar los escombros  y apear la ruina, en paralelo debe incluirse una figura de protección según la Ley  3/1999 de Patrimonio Cultural Aragonés. Siendo bienes de dominio público es mucho más  fácil acceder a los fondos necesarios porque haberlos  los hay.

Apudepa, 23-04-2019

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