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El 14 de marzo de 2016 el pleno del Ayuntamiento de Zaragoza se reunió para debatir una propuesta del Partido Popular que solicitaba acelerar el derribo de Averly. El presidente de Apudepa pronunció en su turno de intervención las siguientes palabras:

Muchas gracias, señor alcalde de la ciudad que derribó la Torre Nueva.

Señoras concejalas y señores concejales del ayuntamiento de la ciudad que derribó la casa de la Infanta, vecinos y vecinas:

En la ciudad que derribó el claustro del monasterio de Santa Engracia hay grupos municipales que ya no se limitan a mirar para otro lado cuando la piqueta va haciendo añicos su historia. Ahora hay grupos municipales en esta ciudad que derribó los cimientos de su templo romano que abanderan la destrucción del patrimonio. Hoy, aquí, en la ciudad que derribó los cimientos de su anfiteatro, el Partido Popular pide el derribo del bien más importante de su patrimonio industrial, elemento insustituible del patrimonio cultural aragonés. En esta ciudad que derribó la casa de Torrellas hay ciudadanos que no se contentan con que Zaragoza no sea ya ni la sombra de aquella ciudad que un día deslumbró por su belleza. La quieren todavía peor, con menos valor, con menos memoria y con menos dignidad.

Dice el Plan Nacional de Patrimonio Industrial, elaborado por el Instituto del Patrimonio Cultural de España y aprobado por el Consejo de Patrimonio Histórico del Estado, que Averly es uno de los 100 bienes más importantes del patrimonio industrial español. Dice la Real Academia de Ingeniería que debe ser declarado Bien de Interés Cultural. Dice el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza que debe ser protegido todo el conjunto. Dice la organización internacional TICCIH que Averly es “un bien patrimonial excepcional que es testimonio y legado de la industrialización española” que se debe conservar íntegramente porque “es un conjunto extraordinariamente bien conservado en toda su evolución histórica de manera que presenta un alto grado de integridad y de autenticidad”.

Dicen los doctores y profesores Pilar Biel, Agustín Sancho y Francisco Javier Martínez Zorzo, expertos en patrimonio industrial, que la relevancia del conjunto de Averly “es de primer orden” (JZ), que “solo la protección integral y el mantenimiento de la unidad del conjunto garantizan la salvaguarda del espíritu del lugar y la transmisión de sus valores patrimoniales a las generaciones venideras” (PB) y que “el conjunto de Averly es uno de los pocos (si no el único) que se conserva en España como testimonio de la unión entre hogar y empresa en la arquitectura industrial urbana desde un periodo tan antiguo” (AS).

Dice Eusebi Casanelles, director durante más de 20 años del Museo Nacional de la Ciencia y la Técnica de Cataluña, que “Zaragoza ha conservado una fundición única que (…) es una reliquia muy singular difícil de encontrar en otro lugar”.

Dice el catedrático de Historia Contemporánea, director de la Institución Fernando el Católico y cronista oficial de esta ciudad, que “resulta innegable el valor de la fábrica de la Fundición Averly, así como la necesidad de su preservación, no solo como patrimonio arquitectónico (…) sino como patrimonio histórico y cultural, en el sentido más amplio, desde una perspectiva territorial aragonesa, pero también española y europea”.

Dice la directora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, la profesora Ascensión Hernández que Averly es “un conjunto único no sólo en el territorio aragonés sino también en el nacional y europeo”.

Dice el arquitecto del Ministerio de Cultura y coordinador del Plan Nacional de Patrimonio Industrial Alberto Humanes, y coinciden con otras palabras el catedrático de Historia Económica Eloy Fernández Clemente, la arquitecta experta en patrimonio industrial Diana Sánchez Mustieles, y el catedrático de Ingeniería de Sistemas Manuel Silva, que “Averly es la catedral por antonomasia de la primera industrialización en España”  y que el conjunto “es único en Aragón y en España y realmente excepcional en Europa”.

A la vista del juicio que Averly merece en el mundo científico, técnico y cultural, nos preguntamos, señores y señoras concejales de la ciudad que derribó la casa de los señores de Osera, qué defienden quienes hoy votarán a favor de la propuesta del Partido Popular. Es claro que el patrimonio, la cultura y la necesidad de conservar la memoria obrera, no.

¿Qué defienden, entonces?

El equilibrio urbano de la ciudad tampoco, porque lo que necesita una ciudad con poco patrimonio (en relación con el que tuvo), muchas viviendas vacías, muchos solares abandonados y muchos edificios a medio acabar, es vecindarios con equipamientos públicos para disfrute de la gente. Espacios comunitarios de relación, creación, conocimiento y reunión. Las Delicias, la Almozara, el casco histórico, no necesitan viviendas de lujo. Lo que necesitan en su punto de encuentro es, precisamente, eso. Un gran punto de encuentro en que poder disfrutar de la ciudad.

¿Qué defienden, entonces?

La seguridad jurídica es seguro que tampoco. Porque nada más seguro jurídicamente que esperar a oír lo que los tribunales tienen que decir y aún no han dicho. La defensa de la seguridad jurídica es completamente incompatible con la defensa de acciones irreversibles que condicionan y pueden hacer imposible el pronunciamiento de los tribunales y su cumplimiento. Tampoco defiende la seguridad jurídica quien desoye manifiestamente el espíritu y la letra de la Ley del Patrimonio Cultural Español y del Plan Nacional de Patrimonio Industrial, dimanante de la Ley de Patrimonio Histórico Español.

¿Qué defienden, entonces?

En este caso, las inversiones en la ciudad que derribó la iglesia de Santiago tampoco. Porque el derribo de Averly es justamente la mayor desinversión, la mayor deslocalización, que hoy puede hacerse en la ciudad que derribó el convento de Santa Fe. Quede claro: Quien defiende el derribo de Averly está defendiendo una brutal desvalorización de la ciudad que derribó el convento de Jesús. Porque la pérdida de ese valor, sí, también económico, ese factor de desarrollo que supone Averly, empobrecerá también económicamente a Zaragoza a corto, medio y largo plazo. ¿Se imaginan ustedes el impacto económico que hubiese tenido la conservación de la Torre Nueva? ¿Saben ustedes la capacidad de atracción de inversiones que tendría una ciudad tan identificable y singular como la que hoy sería Zaragoza si no hubiera estado en manos de codiciosos e incultos?

Lo lógico sería que hoy nos encontráramos debatiendo y aprobando la catalogación municipal de Averly como Monumento de Interés Local o Edificio de Interés Monumental, para lo que el ayuntamiento tiene plenas competencias. Los ciudadanos y las ciudadanas que defendemos el patrimonio de nuestra ciudad, nuestro espacio y nuestra memoria, confiamos en que no se certifique hoy aquí una gran coalición en torno del poder inmobiliario. Confiamos en que los concejales del PSOE y de Ciudadanos no se sumen a quienes defienden la destrucción del bien más importante del patrimonio industrial aragonés. Y reconocemos y agradecemos al Gobierno de la Ciudad en este punto su compromiso con Averly, con la ciudadanía y con la defensa del patrimonio y la memoria.

Pero permítannos que, para acabar, volvamos a la pregunta que nos parece más pertinente hoy:

¿Qué defienden, entonces?

¿Si no les importa el patrimonio, ni la cultura, ni la memoria, ni el urbanismo, ni el valor económico de la ciudad, ni las inversiones a corto, medio y largo plazo, qué importa entonces a los defensores del derribo de Averly?

No es necesario responder. Es solamente una pregunta retórica.

Muchas gracias, señores concejales y señoras concejalas de la ciudad que derribó la Torre Nueva.