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Hoy se ha votado la sentencia de Averly. Pero en realidad la sentencia se dictó mucho antes: la dictó Brial, no la justicia, a finales de julio de 2016. El derribo condicionó completamente, en la práctica, la decisión del tribunal. En este caso se nos ha negado la tutela judicial efectiva. Se nos ha negado siquiera la posibilidad de que la justicia pudiera decidir con libertad práctica el fondo del asunto. Se nos ha negado la posibilidad de acceder a la justicia. La sentencia la dictó una empresa y no un tribunal. Es completamente inconcebible que el tribunal declare ahora que Averly, una vez derribado por su decisión de imponer una fianza impagable, debería haberse conservado. Pero Apudepa confía en el Tribunal Supremo y en su sólida jurisprudencia sobre el tema. En Madrid, más alejados de la presión ambiente, no condicionados por sus decisiones anteriores, los tribunales decidirán más libremente. La justicia es ciega (ya lo hemos visto en este caso), pero la confianza de Apudepa en ella, no. Confiamos, no obstante, en que el Supremo hará justicia.