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Tras la creación de la Confederación Hidrográfica del Ebro en 1926, el pionero organismo de gestión de la cuenca fluvial inició un ambicioso programa de desarrollo agronómico. Bajo la dirección de Manuel Lorenzo Pardo se crearon una serie de centros que constituirían importantes antecedentes de la política de colonización interior. En 1928 se construyó la Granja de Almudévar, con proyecto del arquitecto Regino Borobio, asesor de la institución desde su nacimiento y autor de algunos edificios tan importantes de la misma como su sede en Zaragoza o el pabellón en la Exposición Universal de Barcelona de 1929. Desde su edificación, la Granja de Almudévar ha sido un importante elemento de desarrollo socioeconómico en su zona de influencia.

El conjunto de edificios está formado por un inmueble principal con planta en U, conformado a su vez por un pabellón central y dos alas laterales que crean una plaza de recepción a la que se llega por una agradable senda arbolada. En la parte trasera de este edificio principal se sitúa un gran patio formado por dicho edificio y por tres pabellones, dos a los lados y uno en frente. Detrás de este último hay otro pabellón de servicio. Existen, además, algunas edificaciones auxiliares. La finca debe ser comprendida, al menos en su entorno, con todos sus terrenos, propios de la explotación agrícola, así como con su equipamiento y maquinaria. Se trata, en fin, de una muestra conservada en su integridad de este tipo de centros propios de una determinada época, la de los intentos de reorganización interior del territorio mediante el regadío. Es, por ello, un testimonio histórico importante, lo que se suma al indudable valor arquitectónico del conjunto.

El edificio principal está formado, como ya se ha dicho, por un pabellón principal sobre el que recae la función representativa del grupo. En algún sentido adopta la forma de un edificio consistorial del momento, avanzando fórmulas que más tarde se aplicarán en los nuevos pueblos de colonización o de Regiones Devastadas. La entrada se marca por tres arcos que conforman un acceso porticado, que plásticamente concentra el protagonismo de la composición. El edificio combina elementos claramente extraídos de la arquitectura popular, como el mismo pórtico, el uso del ladrillo visto, el trabajado alero o la madera torneada de las barandillas, con elementos más propios de la arquitectura moderna: los juegos de volúmenes, las ventanas alargadas, los interesantes juegos de líneas entre los balcones laterales y las líneas de imposta… Todo ello combinado en una composición general de base clásica. Este edificio central de dos plazas se articula mediante sendas extensiones de la planta baja con los dos pabellones laterales, dejando dos pasos mediante arcos de medio punto al patio trasero. Los pabellones laterales, de una planta, son de gran sobriedad. Los tres volúmenes se cubren con cubiertas de faldones a todas las fachadas, sin dejar hastiales en ninguna de ellas. La fachada trasera del cuerpo principal avanza en sus extremos laterales creando un juego volumétrico en esa parte que ayuda a conformar una volumetría que podríamos considerar de villa clásica. De los tres pabellones de servicio que conforman el patio, puede destacarse la combinación de su indudable funcionalidad con un tratamiento que atiende a una voluntad de conjunto. Los discretos juegos volumétricos a través de las cubiertas, así como los pórticos de los extremos de los edificios laterales ayudan a conformar un conjunto de prestancia.

Los edificios se encuentran en un estado de conservación bueno, aunque su mantenimiento no lo sea. Únicamente el edificio posterior central presenta graves problemas, pues parte de él ha sufrido derrumbes. Ello no compromete, sin embargo, la lectura del conjunto ni ha provocado una situación irreversible. El estado de conservación, tal y como se contiene en consolidada doctrina del Tribunal Supremo, no es óbice para la catalogación de los bienes que posean algún interés cultural, como es el caso.

Algunos testimonios certifican el uso de la Granja de Almudévar durante la guerra civil, lo que podría añadir al conjunto un valor histórico. En todo caso, es evidente que el conjunto es una muestra espléndida de los proyectos socioeconómicos a que dieron lugar las políticas de desarrollo agrario en España, especialmente vinculadas a la ordenación del regadío. Asimismo, es un importante eslabón territorial de los trabajos de la Confederación Hidrográfica del Ebro. El hecho de ser obra de uno de los más destacados arquitectos del momento, así como las propias características del edificio, hacen del conjunto una muestra especialmente interesante de un tipo de arquitectura moderna que en España seguía atenta al carácter popular. La Granja de Almudévar es una especie de villa moderna que requiere de la protección que prevé la legislación en materia de patrimonio cultural.

*Este texto está extraído de las solicitudes de protección presentadas por Apudepa ante el Gobierno de Aragón. 

Vecinos de Almudévar han alertado a Apudepa de la intención de la Confederación Hidrográfica del Ebro de derribar la Granja. Ante eso, en junio de 2017 Apudepa ha solicitado a las administraciones que, dado su interés, garanticen su conservación.