Apudepa. Parte del texto ha sido tomado de la solicitud de Apudepa para la catalogación del edificio. 

Junto al caserío de Almuniente (Huesca), entre la actual carretera A-1210 de Grañén a Almudévar y el río Flumen, se hallaba un conjunto de edificaciones de carácter rural y agrícola tradicionalmente vinculadas a los duques de Solferino. Se trataba de un conjunto de grandes dimensiones que, sin duda alguna, por su situación y proporciones ha desempeñado un papel destacado en la vida cotidiana de Almuniente y en la conformación de su forma urbana. Era un edificio de tipo agrícola, de tres plantas (incluido el piso bajo cubierta) y tejado a dos aguas. El primer piso servía como bodega (en el momento del derribo todavía quedaban tinas de 8 000 y 10 000 litros de capacidad) y la construcción fue utilizada también como granero y, ocasionalmente, como vivienda.

La construcción y su conjunto asociado presenta un enorme interés desde el punto de vista etnográfico por testimoniar, arquitectónica y urbanísticamente, el modo de vivir de las pequeñas localidades oscenses asociado a la producción vitivinícola y a la conservación de los productos agrícolas. Se trata de un equipamiento urbano (expresado en términos actuales) de primera importancia para las localidades agrícolas en épocas precontemporáneas. Ya no resulta tan habitual, desgraciadamente, la conservación de estos grandes edificios de bodega y granero en los pueblos aragoneses, testimonio de un modo de vida cada vez menos frecuente, y aún en menor medida de la antigüedad y de la prestancia del que aquí se cita.

Al indudable interés etnográfico, que la Ley aragonesa protege incluso en los casos en que los bienes “no posean particulares valores estéticos ni históricos propios”, se unía aquí el elevado interés arquitectónico derivado del carácter ejemplar de su tipo así como de la calidad constructiva del edificio. Aunque resultaba necesario realizar un estudio detallado, el edificio podía datarse (fijando ampliamente un marco temporal) en el tercer cuarto del segundo milenio, en todo caso anterior a la época industrial. Tenía planta basilical y presentaba una interesante combinación de elementos constructivos que respondían tal vez al levantamiento del edificio por fases. Existían bóvedas de ladrillo soportadas sobre muros perforados (en el caso de los muros interiores) mediante arcos del mismo material entre gruesos pilares de sillar rematados por sencillo capitel. Estos pilares continuaban la línea de arcos soportando gruesas jácenas de madera sobre las que a su vez descansaban las vigas que conformaban el solado del piso. Todo ello formaba un conjunto de calidad constructiva y de interés tipológico arquitectónico.

Al exterior el edificio presentaba sencillo y tradicional aspecto, disponiendo en torno de sí una serie de espacios libres asociados a su uso principal, que también resultan de interés. Destacan especialmente, al sur de la propiedad, los imponentes restos de un muro de contención (continuado por un muro de cerramiento más reciente) que presentan un gran porte y que a simple vista parecen indicar una gran antigüedad, quizás parte de una obra anterior de importancia. Apudepa solicitó incluir estos restos en la declaración del bien y estudiar sus características para poder proceder a su datación y conocer el tipo constructivo al que se adscriben.

Apudepa conoció el edificio a raíz de la preocupación que se despertó en el vecindario por la afectación que resultaba de la ampliación de la carretera A-1210 Tardienta-Grañén, en la zona del puente sobre el río Flumen. Estando amenazado dicho edificio por la obra, desconsiderada e ignorante del alto valor del mismo, Apudepa solicitó que se procediese a la paralización inmediata de cualquier derribo para permitir el estudio detenido del conjunto, al amparo de lo dispuesto en la Ley de Patrimonio Cultural Aragonés.

Para ello la Asociación registró el 10 de febrero de 2011 en la Dirección General de Patrimonio Cultural una solicitud de catalogación y de paralización cautelar del inminente derribo del que se advertía. Ese mismo día, Apudepa contactó telefónicamente con la Dirección General de Patrimonio para comunicarles la presentación de la solicitud y la urgencia del caso. Pese a todo ello, y lamentablemente, 48 horas después de registrado el escrito, el edificio fue derribado. Pese a la urgencia del asunto, comunicada por teléfono y a través del mismo escrito, la Dirección General de Patrimonio visitó el lugar el 24 de febrero, dos semanas después del registro de la petición. El Gobierno de Aragón se limitó a consignar que el edificio ya no existía.