El caso de la casa natal del gran pintor aragonés Francisco Pradilla es especialmente doloroso para el patrimonio aragonés.

A finales de 2012 comenzó a correr el rumor de que se estaba planeando el derribo de la casa de Pradilla. Se trataba de una noticia un tanto increíble, porque la modesta casa estaba muy arraigada en la memoria popular de Villanueva, y estaba reconocida como un lugar de conmemoración entre los grupos artísticos aragoneses. De hecho en la casa había dos lápidas que señalaban el interés del lugar, una colocada por la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis en los años 20 del siglo XX y otra por el propio ayuntamiento de Villanueva de Gállego en 1998, solo 14 años antes de conceder licencia para su derribo.

Las alarmas las encendió la retirada de las placas institucionales que había en la fachada.

Fotografías de José Luis Ona. 

Nada más conocer la inquietante noticia, Apudepa presentó ante la Dirección General de Patrimonio Cultural, que en aquel momento dirigía Javier Callizo, una solicitud para la protección del inmueble. En dicha instancia se hacían notar los valores del edificio:

El inmueble sito en la calle de Gómez Acebo, números 61 y 59, de Villanueva de Gállego, es la casa natal del gran pintor aragonés Francisco Pradilla, uno de los maestros de la pintura española de los siglos XIX y XX. Por este hecho, que convierte al lugar en un destacado sitio histórico, posee desde hace décadas un insustituible valor memorial, como lo muestran las dos placas conmemorativas que adornan su fachada. Ya en la década de los años 20, la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis comprendió el valor memorial del lugar al colocar una interesante placa realizada por el escultor Carlos Palao en recuerdo del nacimiento del genial pintor en la casa. En 1998, de igual manera, el Ayuntamiento de Villanueva de Gállego honró al lugar con una placa también de carácter conmemorativo. Dichos actos demuestran el enorme poder evocador generado por la casa natal de Pradilla y el reconocimiento de sus paisanos, en diversas épocas, de la importancia del lugar. Resulta por todo ello difícil de cuestionar el valor histórico del inmueble, que es portador del recuerdo de los orígenes de un maestro de la pintura y de la admiración y el cariño de su pueblo.

Además del valor histórico de la casa, verdaderamente evidente e innegable, esta Asociación quiere llamar la atención también sobre la importancia del inmueble en sus facetas constructiva, arquitectónica y urbanística. La casa, de construcción y apariencia modesta, es un buen ejemplo de la arquitectura popular de la zona, realizada en tapial con las más tradicionales técnicas del lugar. Su escala, por otra parte, recuerda e ilustra el carácter original de la calle, una de las principales de Villanueva de Gállego.

La casa es un testimonio histórico fundamental, por el hecho de haber sido lugar de nacimiento de Francisco Pradilla, cuya memoria Aragón debe ayudar a preservar, pero también por sus características arquitectónicas y tipológicas, tanto en su exterior como en su interior.

El viernes 9 de noviembre la instancia se presentó en registro acompañada de la solicitud urgente de suspensión cautelar del derribo, al amparo de lo dispuesto en los artículos 12 y 18 de la Ley del Patrimonio Cultural Aragonés.

Pese a que la ley obliga al director general a detener provisionalmente el derribo cuando se presenta una solicitud de ese tipo, lo cierto es que la dirección general encabezada por Javier Callizo no dio trámite urgente a la petición, pese a ser público y notorio la amenaza de derribo que se cernía sobre el edificio.

El 15 de noviembre de 2012, 6 días después de que el Gobierno de Aragon hubiera recibido la solicitud oficial de Apudepa, comenzaron las obras de derribo de la casa. Apudepa protestó enérgicamente ante un nuevo caso de barbarie cultural. Pero no se limitó a protestar. Ese mismo día 15 compareció ante el juzgado de guardia, que era el juzgado de instrucción número 11 de Zaragoza, y presentó una denuncia por los hechos, pues se estaba incumpliendo flagrantemente lo dispuesto por la Ley del Patrimonio Cultural Aragonés (nota del día 16). La mañana del derribo, cuando se estaban preparando los trabajos, Apudepa llamó por teléfono al ayuntamiento de Villanueva de Gállego, a la dirección general de Patrimonio Cultural y a la Guardia Civil. Nada puede hacerse cuando todos los poderes están unidos en el abandono al patrimonio.

Pese a todas las gestiones hechas, ese día 15 de noviembre de 2012, comenzó el derribo.

Fotografías de José Miguel Marco publicadas en www.heraldo.es. 

No acabó aquí el insulto. Ante la indignación general en el ámbito cultural, el Gobierno de Aragón intentó mentir para justificar la dejación de funciones y la complicidad de facto con el derribo de la casa de Pradilla. Declaró ante los medios que la solicitud de Apudepa se había presentado el martes 13, en vez del viernes 9, que es cuando se presentó como puede comprobarse en el sello del documento cuya copia guarda el Archivo de Apudepa. Quede constancia, como mínimo de la complicidad que costó el derribo de la casa, tanto por parte del ayuntamiento de Villanueva como del Gobierno de Aragón, cuya dirección general de Patrimonio Cultural ostentaba Javier Callizo.

En resumen: El Gobierno de Aragón suspendió el derribo justo el día en que iba a comenzar. El Ayuntamiento de Villanueva de Gállego se hizo el sordo y el Gobierno de Aragón le dejó hacer. Aquí la surrealista documentación.

El 4 de diciembre Heraldo de Aragón publicó un artículo del presidente de Apudepa sobre el caso de la casa.

El IX premio Tocho a las malas prácticas en patrimonio, el correspondiente a la edición de 2012, fue otorgado al ayuntamiento de Villanueva de Gállego en la figura de su alcalde, Jesús Gayán.